Podría decir que todo comenzó con el
nacimiento de mi hija. Pero no sería cierto... Todo comenzó mucho tiempo antes,
antes incluso del embarazo.
El origen de mi maternidad empezó el día en
que decidimos que en unos meses arrancaríamos la búsqueda de un embarazo. Mi
imaginación se preparó, mi biología se preparó, toda mi alma lo hizo. Y así, un
buen día, solté la mano de mis miedos y me lancé a buscar aquello para lo que
en realidad nunca iba a estar preparada.
Y el destino quiso que después de apenas
unos meses de búsqueda, llegara esa almita que hoy juega y se ríe a mi lado. Tengo
una hija sana, feliz y hermosa, a la que amo con toda mi alma y para la que soy
la mejor mamá que puedo ser, todos los días.
Dedico la mayor parte de mis energías a
acompañarla en su crecimiento y a guiarla, desde el apego y el respeto que me
sale y que considero más natural…
Ella no es mía, yo soy suya. Su noche que
la cobija y la contiene. Ella, mi estrella llena de luz.
